01/06/11

Farolitos, las voces del sótano (Revista ES, Bs. As).

El rock, como manifestación cultural y política popular, ha sido generador de diversas y variadas expresiones y escenarios.

La prensa "especializada" rockera, considera rock chabón a las manifestaciones surgidas desde los barrios populares. Un rótulo cargado de connotación negativa y desprecio por este nuevo fenómeno rockero, que, con el punk independiente y autogestionado, arrasó con todo el rock dinosaurio, beat, el refinamiento lírico (como excusa, para no decir nada), las metáforas elevadas, etc.

Parafraseando a varios "críticos del rock" desde lo más emergente, las expresiones barriales dieron por tierra con los mandamientos de La Biblia de la Industria Cultural Rockera.

El Otro Yo, La Renga, Dread Mar I, Boom Boom Kid, Los Gardelitos, Shaila, Eterna Inocencia, Farolitos y muchas más, han pecado y no cumplen con los mandamientos de la industria cultural.

Hubo críticas para la cultura "chabón" en general. La prensa "especializada" advirtió sobre un empobrecimiento en el lenguaje que esta nueva corriente conlleva y su carencia creativa y necesidad de hablar repetitivamente de temas que sus intérpretes creen prohibidos.

Claudio Díaz (autor de "Libro de viajes y extravíos: un recorrido por el rock 1965-1985), opinó que la música era cada vez más "tonta", que el aplanamiento del rock era parte de un "fenómeno general de empobrecimiento" relacionado con un cambio en las "coordenadas culturales" del rock y de la sociedad en general. Según sus propias palabras, el rock desde los '70 hasta los '80, estaba fuertemente anclado en lecturas literarias, poéticas y filosóficas, de una impronta muy vinculada a las vanguardias. Eso ahora no está. El mundo de referencias culturales, desde que se impone como dominante eso que se llama "el rock chabón", es el barrio, el fútbol, la cerveza.

El sociólogo Pablo Semán, dijo que "El rock chabón es pobre, como la Argentinadecadente".

Fito Páez dijo crudamente que el rock chabón "tiene 193 muertos ahí, por no revisar lo que hace y por todo lo que genera el manifiesto del barrio argentino; y por ser del palo y pensar en la argentinidad desde la birome". Que "para esa gente, si te ponés a estudiar música sos puto o jazzero, entonces, no sos de palo", y que "un pueblo que se funda en la ignorancia genera tragedias, y esta cosa tribal argentina es terrible y es asesina, porque te deja en la ignorancia".

Gustavo Cerati criticó al rock chabón, diciendo que los argentinos "habíamos estado exportando un producto netamente nuestro".

Lo que en realidad no dicen los referentes de la industria cultural rockera y la "crítica especializada", es que, todo lo que sea barrial, popular, esteticamente impuro, mestizo, les molesta, les genera repugnancia, les parece, según sus parámetros de calidad, muy pobre, muy grasa, muy berreta.

Sur de la ciudad de Rosario, Sábado 16 abril 18 hs, Club El Ciclón. Marcos, vocalista de Farolitos, acaba de bajar del colectivo. Guitarra acústica en la espalda y gorra del ejército cubano, saluda afectuosamente a todos los que estamos allí en la puerta, antes de entrar al club.

Llega temprano para la prueba de sonido. Dentro del club, se encuentra con sus compañeros de banda, los chicos que preparan el buffet, las chicas que preparan las remeras y los afiches, los amigos que preparan las banderas, los banderines, en fin, preparando la fiesta farolera.

Lo primero que se percibe al ingresar, pareciera la filmación de una cámara oculta.

Allí, 2 personas sobresalen de la escena, no solamente por su estética, sino porque son dos inspectores municipales. Hablan en voz alta y se nota bien que tienen un objetivo claro: el municipio de Rosario no quiere que Farolitos toque más en la ciudad.

¿Por qué? Por convocar a más de 2000 jóvenes de diferentes barrios, por estar fuera del circuito comercial de rock, por crear un circuito alternativo de clubes, por tocar con luces, sonido full, estructura y puesta en escena de altísima calidad, por rescatar las culturas populares en toda su diversidad, por rescatar a los clubes de barrio como lugares de identidad que no deben perderse, por impulsar la participación juvenil, la promoción de la organización comunitaria y el desarrollo de una democracia participativa, así como la recuperación del espacio público, el trabajo en red, el mestizaje de géneros y lenguajes, la apropiación proyectiva y esperanzada de la historia, las identidades y las luchas sociales, barriales, comunitarias y latinoamericanas.

Estos, parecen ser argumentos que el poder político de Rosario no tiene en cuenta. Que por el contrario, esgrime e inventa ordenanzas ridículas, como la de las entradas anticipadas vendidas unicamente por el municipio.

Los inspectores municipales no saben como argumentar semejantes ordenanzas creadas a efecto de querer cortar la fiesta farolera. La discusión continúa por casi más de una hora, y suspender no está en los planes de Farolitos, que se verán obligados a pagar una multa por ejercer el arte de hacer rock independiente y autogestionado.

Pregunta: ¿Ejercicio ilegal del arte?.

FUENTE: Revista ES (Bs. As.).